
Aún desde la soledad, he decidido vivir el Amor. Es el verdadero amor, el único verdadero amor. No viene de la simple pasión, sino de la más bella espiritualidad. No es simple deseo, sino pura vivencia y alegría, alegría del corazón.
He decidido ser un ser humano de verdad, libremente de verdad. Caminar bajo el Sol, sea en el frío o en lo caluroso, sencillamente disfrutar de su luz ensoñación.
Por años di vueltas y tumbos, hasta que escuché sus palabras, palabras de verdadera vida y liberación…. “Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar” (Mateo 11:28)
Entonces recordé esas palabras de esperanza y fe sin límites, sin tristezas y sin desamparos. Así reparé y sané los dolores de mi corazón. ¿Cuantos pierden esperanzas ante los fracasos? ¿Cuántos desiertos se vuelven más desiertos?¿Cuanta arena cubre más a la arena?
He caminado por el desierto, el valle de lágrimas me ha atrapado. Un matrimonio se me perdió, una novia que me engañó. He caminado con sed y hambre, he llorado tanto, tanto desánimo gris, pétreo, olvidado entre los olvidados.
Pero entonces la luz llegó del Cielo, como ave de luz, entre fragancias rosas, una dulce Madre Eterna me abrazó, me besó y susurrando expresó “Tú puedes, tu quieres, solo desea y vuelve a caminar… haz el camino y te ayudarán”
Y en la noche sin estrellas brilló un lucero, una aurora distante, un amor de nuevo. Caminé y camino construyendo un camino, un amor, un abrazo, un silencio.
Estoy solo, es cierto y cada cierto tiempo la soledad me pesa y mis ojos sienten de nuevo el desierto. Pero ya decidí, ya no me rendiré, no retrocederé, amaré de verdad, lleno de sonrisas, me moveré sin temer, sin eternamente rememorar.
Nadie está condenado a la soledad, solo se trata de Fe, de creer, de renovar, de nuevamente amar. Dejar atrás los miedos y volver a amar, caminando más tranquilo, viviendo en la paz, del corazón la paz.
La mejor religión es Amar, amar de verdad.
Amar fraternalmente, amistosamente, prudentemente, respetuosamente.
Y cuando ella aparezca, amarla a ella no por mi decisión o la suya, sino por decisión nuestra. Primero seremos amigos, porque todo verdadero amor nace en la amistad. Luego seremos caminando juntos y cuando nuestras miradas ya no puedan evitarse, seremos dos labios unidos, dos manos que abrazan, dos bocas que acarician.
Y mientras ni ella ni yo nos descubramos, caminaré cantando al Amor Infinito, ese que una vez enseñó el mayor Maestro de Maestros, aquél que murió y resucitó por Amor y nada más que Amor.
Ya no hay miedo, solo hay amor, infinito amor.
Alejandro Sánchez



















